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Al filo del abismo | Columna de Adrián Ibelles

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No extraña que los medios, los hinchas y los detractores esperen más de este equipo. Los pupilos de Zinedine Zidane se están quedando cortos ante las altas expectativas que se generaron tras un 2017 tan prolífico.

Luego de ser eliminados de la copa y de permanecer a demasiados puntos de distancia del virtual campeón de La Liga (que aún descansando a Messi y un tercio de sus titulares lo que resta de la temporada se irían con el título en la bolsa), lo único que resta para el equipo blanco es la competición más ardua de Europa.

Lo que queda es la Champions.

El Real Madrid viene de ganarla dos veces. Le va bien este torneo a los equipos españoles, que han dominado desde el 2000, 4 títulos para el Barcelona, 5 para el Real Madrid.

Pero es difícil ver hoy al Madrid como infalible en un año tan complicado. Si bien, mejoraron después de perder el respeto de medios especializados y de sus propios seguidores, el sentido común indica que este no será un año merengue. La lógica dicta que han de perderlo todo.

¿Pero qué hay de las probabilidades? ¿Puede un equipo como Juventus (subcampeón de 2017) dejar fuera al Real Madrid de la única cosa que realmente le importa? ¿Y si no son ellos, quién sí?

La especulación nunca ha sido mi terreno. Es cierto que el ritmo que tuvo el equipo madridista en una liga tan competitiva le hizo despedirse de un par de títulos. Pero aun si la orejona se va a Manchester, Munich, Barcelona o Turín, no creo necesario encender las alarmas y cortar cabezas, como parece funcionar en muchos equipos mexicanos.

La paciencia es un don poco común en estos días. Los resultados deben ser inmediatos, aunque vengan solo a corto plazo. Perder los estribos y señalar culpables se ha vuelto un deporte en todas las áreas.

Los resultados deben hablar por sí mismos. No estamos ante un equipo de media tabla, o uno que no sea considerado peligroso en cualquier cancha. Hablamos de un equipo que defiende su honor (y constantemente sus títulos) a pesar de que sus jugadores estrellas puedan no estar en su mejor momento. Una escuadra que va a ganar, y que suele entregarse a tope, con lo difícil que es cuando se juegan paralelamente tantos torneos.

El aficionado debe guardar un poco la compostura. Al fin y al cabo, la posibilidad real de derrota permite siempre que la victoria sea más dulce.

Por lo pronto, veamos si la escasez de alternativas sirve como incentivo para un equipo que lo ha tenido todo, menos la complacencia de su amado público.

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