#4 TiemposColumna de Dalia García

Adaptación | Columna de Dalia García

Divertimentos


Disponer de dos días para buscar casa en una ciudad de la que sólo se conoce el Centro Histórico, tiene sus bemoles. Nuestra inexperiencia en la materia nos trajo hasta aquí, después de recorrer los alrededores de la Universidad y un poco más allá.

Estamos en Ocotepec, una localidad de Cuernavaca a escasos diez minutos de nuestro principal punto de interés. Desde que llegamos a instalarnos las sorpresas no se han hecho esperar: la fiesta del pueblo; los insectos; la naturaleza que rodea la localidad; los cuetes tipo bombas; los sonidos de la noche; el clima; la folclórica avenida principal con sus puestos de comida, frutas y artesanías.

En este lugar abunda el color verde y los sonidos de la naturaleza (grillos, diversidad de aves, gallos, perros, e insectos a los que sólo identifico por su sonido). Vivimos frente a un terreno con doce gallos y gallinas que observo a la hora de la comida a través del balcón: cómo escarban sobre la tierra para echarse, cómo recorren los rincones del terreno, cómo los gallos persiguen a las gallinas para pisarlas, cómo hurgan entre las piedras, y cómo suben a la barda del terreno para andar sobre la orilla.

El lunes 6 de agosto fue la fiesta del santo patrono del pueblo, El Divino Salvador, a quien está dedicada la parroquia principal del poblado, una hermosa iglesia del siglo XVI. Los festejos comenzaron el domingo y terminaron el martes; hubo fuegos artificiales, toritos, frondosos arreglos florales, procesiones religiosas, danzas tradicionales, juegos mecánicos, venta de comida, baile, comidas sociales y bandas tradicionales de pueblo sonando y desfilando en distintos momentos del día. El tráiler del Gran Combo se encargó de bloquear el paso por la avenida principal para montar el escenario.

Es un pueblo que respeta su esencia y sus tradiciones; que rinde culto a sus santos y organiza un jolgorio en su honor; que se desprende de sus bienes para compartirlos en una fiesta de todos, eso me encanta. Pero también hay cosas a las que me está costando adaptarme; por ejemplo, la presencia de insectos como arañas y moscos, los aullidos y ladridos de perros en la madrugada o los cuetes tipo bombas lanzados durante los días de fiesta  ⎯Mila, nuestra perrita, no pudo evitar pegar un brinco cada vez que la sorprendía el estruendo ⎯.

Esta es la primera semana de adaptación y descubrimiento de nuestro nuevo entorno, cuyos aspectos encantadores son la naturaleza y el folclor. Parece que llegamos al lugar perfecto para dejar atrás el ambiente citadino, para aprender de la naturaleza y para explorar otras formas de cotidianidad ⎯afortunadamente las plazas, parques, museos y cines no están muy lejos de aquí⎯.

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