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A cambiar los hábitos | Columna de Emmanuel Gallegos D.

Gambeta



Hace un par de semanas, el presidente del Club Morelia, Álvaro Dávila, convocó a conferencia de prensa para señalar o denunciar públicamente que más de la mitad del plantel morelense estaba siendo extorsionado y amedrentado por grupos del crimen organizado. Esta situación sin duda debe preocupar mucho a todos los equipos y jugadores de la Liga, así como a dueños de los equipos y miembros de la Federación. Claro que no es un tema sencillo de solucionar, ya que la violencia, robo, secuestro y demás, son situaciones que miles de personas son víctimas en México, por supuesto que el futbol en algún momento sería parte de los afectados, o al menos ya de forma mediática.

Este asunto se puede ver desde dos aristas: una realidad que es innegable en nuestro México y que no ha podido ser erradicada pese a los constantes intentos de gobiernos anteriores, y que ahora pretende afectar los bolsillos de los jugadores y gente de futbol. Y siendo muy mal pensados y siniestros, que es una forma del presidente del Club para tratar de cubrir malos manejos y poca asertividad al momento de contratar nuevos futbolistas para armar al equipo y lograr la permanencia de los mismos, lo que ocasionó que las figuras partieran en busca de mejores oportunidades o salarios y tienen al equipo en una situación preocupante. Esto da pie luego de que el portero del equipo y otros futbolistas señalaron desconocer tal problema, y que no habían oído nada de eso. Da para “malpensar”.

Ahora, tristemente no es de sorprender que si empresarios exitosos y gente de dinero sea plagiada o chantajeada a cambio de no hacerles daño, los futbolistas que ganan mucho o poco dinero sean víctimas del mismo delito. Basta con verlos salir de los campos de entrenamiento para darse cuenta de los lujosos vehículos en los que se transportan y la ropa que visten muchos de ellos, ya que son pretenciosos en sus formas, cosa que no tiene nada de malo, solo que el sentido común dictaría que a veces los lujos pueden ser contraproducentes. Es malo pensar que una persona no puede ser ni actuar a placer (sin afectar a otros) por el temor de que algo malo pase, lamentablemente en este México de ahora, así son las cosas.

El ejemplo más claro podemos verlo en la situación que vivió Salvador Cabañas. Figura del América y líder de Paraguay, se esperaba mucho de él en el Mundial de Sudáfrica 2010, pero un altercado con un sujeto en un bar a altas horas de la noche le costó no solo casi la vida, sino la posibilidad de seguir jugando al futbol, perder posteriormente a su familia y un sinfín de situaciones lamentables más, en todo el largo proceso que continuó con su rehabilitación y su ahora reinserción a una vida “normal”. Estaba en su día de descanso junto a su esposa cuando ocurrió la tragedia. Los jugadores tienen derecho a salir y divertirse y actuar como cualquier otra persona, pero al ser una figura pública y demás, son más propensos a tener accidentes y que ocurran tragedias como lo que pasó con el paraguayo.

Lo que pretendo no es alarmar o crear una psicosis y hacerlos unas posibles víctimas, pero es necesario que los futbolistas replanteen un poco el estilo de vida que llevan y las consecuencias de lo mismo. No se trata de ser puritano ni tratar de frenar la personalidad o limitar a un ser humano pero si los jugadores no quieren (aunque no tendría por qué) verse afectados ante las situaciones de inseguridad, deben ser inteligentes y ver que el riesgo es latente, entre menos pretencioso seas, es menos probable que llames la atención y sigas disfrutando del deporte que te gusta y su jugoso sueldo.

 

@Emmanuelcoatl

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