Mejor dormir

El 71 de marzo en Fernanda | Columna Carlos López Medrano

 

MEJOR DORMIR

 Por: Carlos López Medrano

La lectura de 71 de marzo de la potosina Fernanda Sánchez Martínez es una experiencia refrescante para cualquiera que se anime a adentrarse en sus páginas. El libro, acreedor del premio 20 de noviembre de la edición 2016, representa un pequeño asombro por su naturaleza misma, el recordatorio de la poesía en su sentido más inmediato y libre que no atiende a otra razón que a las posibilidades de la sensibilidad y el lenguaje.


La obra no parece de este tiempo ni de ningún otro, aunque se afianza en péndulos que van y vienen sobre el territorio de la niñez, los sueños y algún cometa. Son líneas que lo mismo remiten a Mario Levrero que a Julio Cortázar o, dicho de forma más precisa, a los Cronopios que fuera del margen trazan el divertimento de una noche, pero al mismo tiempo configuran una esencia muy propia que bien valía la pena rescatar.

A Fernanda hay que agradecerle, en especial, el manejo del humor, olvidado en tantos poetas de su generación que de manera reiterada se encierran en una solemnidad que se encuentra marchita desde su nacimiento. En 71 de marzo lo que hay es una chispa prolongada, una búsqueda a través de la imaginación. Confesiones que tienden puentes con el sonido. La polifonía de un espíritu de excepción.

Se tratan de flujos verbales provenientes de una personalidad que no ha sido contaminada por la podredumbre ni las manchas de la ordinariez. No requiere pelear ni tirarse al fango. Es alguien que por lo contrario deambula entre un café perdido, un paso de jazz, y el lomo de un zorro que ríe.  La apuesta de la libertad, dar un paso en el bosque y dar el siguiente en la Costa Azul.


A continuación, dos muestras:


«Ojalá supiera cómo quererte, Luna que se esconde. Y poder decírtelo al oído, así como esta noche te dije al oído que no te creo, y Wagner escupiendo belleza por la radio. Y yo absolutamente feliz de estar viva al mismo tiempo que tú. No, no puede ser verdad, la Luna».


«Eran las diez de una de sus dichas más amargas: el amor de su creación terminaba miel y triste; el amor a su niño extraordinario jamás terminaría (por motivos meramente psicológicos o de naturaleza muy sabia). El amor. Amor: qué palabra pequeña, qué palabra tan ovni».


Los más de cincuenta poemas contenidos en el volumen son constelaciones breves marcadas por la lozanía. En la autora no hay vanidad ni intenciones fatuas, lo que hay son flechas que en su recorrido forman garabatos. La invitación a un campo de juego de dimensiones eternas.


Fernanda Sánchez Martínez da brincos al intentar alcanzar una manzana. Y al hacerlo, sin darse cuenta, empieza a volar. En la sencillez está el camino a las estrellas.


***

Invitación poco ortodoxa

Quizá cuando tú seas una botella de kétchup y yo un contenedor de massachusetts, entonces podríamos tener una vida mississippi, feliz. Para nada imposible.
—F.S.M.

Fernanda Sánchez Martínez, 71 de marzo, México, Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, 2017, 72 pp.

@Bigmaud

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