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 7 ocasiones en las que México se saltó el principio de no intervención

A lo largo del siglo XX el gobierno mexicano ha flexibilizado sus políticas y tradiciones con el objetivo de defender los derechos humanos o impulsar sus intereses

Por Carlos López Medrano

La crisis presidencial en Venezuela tiene al mundo entero en un puño. Posiciones políticas deambulan por aquí y por allá. Un ala considerable en occidente presiona más y más a Nicolás Maduro, quien se sostiene gracias al apoyo de países como China y Rusia y a la seguridad que le proporciona tener de su lado a cúpula militar que desde hace casi 20 años ha sido uno de los valores consentidos del oficialismo.

En el plano internacional, una de las posturas más interesantes es la que ha asumido México. La administración de Andrés Manuel López Obrador optó por romper con la línea dura marcada por el Grupo de Lima y Estados Unidos, quienes desconocen a Maduro como presidente legítimo, un investidura que ya confieren a Juan Guaidó, el líder de la oposición quien como presidente de la Asamblea Nacional (el poder democrático que el chavismo se saltó para sostener al movimiento) se erigió como presidente encargado con el objetivo de convocar a unas elecciones transparentes.

La estrategia de México, de acuerdo al presidente y a las expresiones de la cancillería, está sustentada en los principios normativos de la política exterior expresados en el artículo 89 fracción X de la Constitución, que condensan la Doctrina Carranza de 1918 y la Doctrina Estrada de 1930. El perfil contempla lo siguiente:

La autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

En tal fragmento se refleja las voluntades de Venustiano Carranza que tienen a la “no intervención” como la joya de la corona.

Detrás de tal ideario yace una preocupación muy arraigada durante el siglo XX: la de reducir el riesgo de injerencias del exterior que a lo largo del siglo XIX resultaron en una serie de catástrofes para México. Entre ellas destaca la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio luego de la invasión de Estados Unidos en 1848. De esta manera al no meterse con otros países se buscaba que ninguno de ellos se metiera con México, que a su vez padecía de limitaciones y problemas internos.

Sin embargo, apelar a tales preceptos puede ser un tanto ambivalente. Cada uno de esos puntos tiene un margen de ambigüedad que distintas administraciones han interpretado de distinta a partir del año 1988, cuando la fracción X fue añadida.

En realidad, los principios estipulados por Venustiano Carranza y Genaro Estrada no han sido impedimento para que México haya asumido un papel activo en el tablero de la política internacional, lo cual lo llevó a convertirse durante muchos años en un referente de peso en la diplomacia.

Los principios son interpretables y han sido sometidos a distinto tipos de lecturas. Y en ocasiones se adoptaron de formas audaces para no permanecer ajenos ni guardar complicidad ante regímenes que van en contra de nuestros ideales y los tratados internacionales a los que estamos suscritos.

Con la reforma constitucional del año 2011 en materia de Derechos Humanos que quedan como valor preponderante desde el artículo 1 y que permean de lleno en la citada fracción X del artículo 89, se abre un abanico de opciones (y responsabilidades) para atender los retos y situaciones del mundo moderno.

A continuación algunos de los ejemplos más notables de cuando el principio de la “no intervención” se ha moldeado para, de hecho, incidir en la realidad como parte de objetivos específicos de la nación.

 

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  1. Guerra Civil española

Uno de los momentos más significativos en lo que respecta a tomar partido, se trató del camino trazado por Lázaro Cárdenas respecto a la Guerra Civil española, en donde México se inclinó por ayudar y favorecer al bando republicano por encima del bando sublevado que a la postre se llevaría la victoria y que redituaría en la dictadura encabezada por Francisco Franco. México no solo apoyó diplomáticamente al movimiento popular, también lo dotó de armamento y se volvió un refugio para cientos de exiliados que nutrirían la vida política-social de Latinoamérica.

  1. La oposición a Pinochet

Luis Echeverría Álvarez tomó determinación de romper relaciones diplomáticas con Chile en 1974 luego del golpe de estado perpetrado por Pinochet en contra de Salvador Allende el 11 de septiembre del año anterior. Además México se volvió un refugio para perseguidos políticos y una fuerte oposición a la dictadura hasta 1990, cuando el vínculo se normalizó con una ceremonia emotiva.

Fidel Castro y Ernesto Guevara son detenidos en verano de 1956 por preparar su expedición a Cuba. Esta foto es probablemente la primera que muestra a Castro y el Che juntos y es tomada en junio o julio de 1956 en la cárcel Miguel Schultz de la Ciudad de México. (Apic/Getty Images)

  1. Revolución Cubana

La revolución cubana concebida por los hermanos Castro y una camarilla de jóvenes radicales estuvo íntimamente ligada a su paso por México desde donde planearon las maniobras que llevarían a cabo en la isla para quitar a Fulgencio Batista del poder. La famosa célula del Movimiento “26 de Julio” se entrenó militarmente en Tuxpan, Veracruz y en el Estado de México dentro en una finca como en un rancho privado. Pese a que el gobierno mexicano lo detectó y detuvo a los involucrados (Gutiérrez Barrios realizó un informe donde detalló las intenciones golpistas), finalmente se les dejó ir. El Castrismo mantuvo siempre una sólida amistad con el priismo con quienes establecieron un pacto no agresión a nivel diplomático.

José López Portillo y Fidel Castro.

  1. Somoza y la revolución sandinista

José López Portillo fue un presidente muy preocupado por la situación turbulenta que invadió a Centroamérica a finales de los setenta y durante los primeros ochenta. Su actitud, de naturaleza  tutelar, le hizo reaccionar frente a las acciones violatorias que Anastasio Somoza cometió en Nicaragua. En 1979 las acciones del mandatario mexicano se volvieron más fuertes y su apoyo al Frente Sandinista de Liberación Nacional, determinante. Las gestiones en favor de los sandinistas fueron constantes y sonantes. Jorge G. Castañeda ha relatado como su padre, el entonces canciller Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, fue testigo del apoyo económico a los revolucionarios liderados por el ahora infausto Daniel Ortega.

 

El canciller Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa.

  1. La declaración francomexicana de 1981

La mirada mexicana respecto a Centroamérica permaneció atenta durante todos los años ochenta. La estabilidad de los vecinos del sur era un asunto que, además de solidaridad, implicaba una dimensión de seguridad interna. Las guerrillas de izquierda que pululaban por la zona en contra de gobiernos más inclinados a la derecha fueron una especie de norma. Las tensiones en El Salvador fueron una de las más preocupantes, en donde la guerra civil terminó con más de 75 mil muertos. Las fricciones solo disminuyeron por medio entrada de México en la escena, que junto al gobierno francés de François Mitterrand presionó para que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional fuera considerado una fuerza política representativa. Los esfuerzos quedarían formalizados más de una década después, en 1992, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando las partes en conflicto sellaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec, con los que se buscó una salida político-democrática a las diferencias de fondo  tan irreconciliables en apariencia.

 

Manuel Zelaya, con el presidente mexicano, Felipe Calderón. | AP

  1. Golpe de Estado en Honduras de 2009 

México fue uno de los países que mostraron su respaldo a Manuel Zelaya durante el golpe de estado en Honduras de 2009 tras el cortocircuito entre los poderes de la nación. Felipe Calderón y la cancillería mostraron su condena enérgica al desplazamiento sufrido por Zelaya y cuando empleados afines al golpismo impidieron a Rosalinda Bueso la entrada de la embajada de Honduras en México, de la que ella era titular, Marcelo Ebrard, el entonces jefe de gobierno y actualmente titular de Relaciones Exteriores, dio indicaciones para que la policía del Distrito Federal abriera el paso a Rosalinda de vuelta a su espacio de trabajo.

El Grupo de Contadora fue conformado por Colombia, México, Panamá y Venezuela en 1983 para hacer frente a la crisis social en América Latina.

  1. Grupo Contadora

México y Colombia hicieron una de las mejores mancuernas en el escenario diplomático de los años ochenta cuando se coordinaron para promover la paz en Centroamérica y así evitar una posible intervención militar estadounidense en la región. Para lograrlo invitaron también a Venezuela y Panamá, formando el ajustado Grupo Contadora que logró el respaldo de las Naciones Unidas y se convirtió en un contrapeso importante que sentó precedentes en la forma de atender problemáticas en el continente.  Junto al Grupo de Apoyo a Contadora finalmente derivaron el hoy extinto Grupo de Río.

 

@Bigmaud

 

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