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365 días de matrimonio | Columna de Dalia García

Divertimentos

El primer año de matrimonio puede representar los 365 días más divertidos de tu vida. Sí, eso es posible. Además es un curso intensivo de finanzas, organización personal y relaciones humanas.

El reto principal aparece al tener que aprender a lidiar con otro Ser igual de extraño que tú, todos los días y en el mismo espacio. En el camino haces e improvisas cosas, chistosas, que antes no formaban parte de tu repertorio existencial, como inventar un platillo nuevo con lo que tienes en el refrigerador, cocinarlo en 20 minutos y descubrir que no salió tan mal; o revisar el ticket del súper para corroborar que los productos estén al precio que los viste en el estante y que todo vaya en el carrito; o procurar que nunca falten bicarbonato de sodio y hojas de laurel en la alacena; o buscar videos tutoriales para quitar las manchas más terribles de la ropa o para limpiar el pocillo en el que se quemó el atole.

Durante ese primer año también adviertes cosas psicológicamente extrañas entre ambos: se enferman de lo mismo al mismo tiempo (por contagio o por telepatía: de pronto amanece y a ambos les duele una muela o el brazo izquierdo), tienen antojo de lo mismo y se dan cuenta hasta que uno lo expresa, empiezan a adoptar las mismas técnicas de supervivencia; algo así como lo que, dicen, sucede con los gemelos.

Quizá sea el año de aprendizaje más intensivo; ni en la primaria aprendiste tanto: aprendes a compartirlo todo (TODO), a organizar tu vida y a cocinar bien; perfeccionas las técnicas de limpieza; comienzas a cuidar lo que tienes; y otras minucias que antes no eran tan importantes. Y todo esto pensando algo en particular: que todo sea lo mejor para tu compañero o compañera de vida.

A manera de recuento, de festejo de aniversario o de  servicio social a la comunidad, como se quiera ver, dejo aquí algunas recomendaciones para triunfar en el primer año de matrimonio, a pesar a las encrucijadas que seguramente se presentarán:

 

  • Hacer una lista de tés medicinales.
  • Tomarse de la mano.
  • No echar al saco roto los remedios caseros, dichos o creencias de la abuelita.
  • Antes de atreverse a cocinar la receta de mamá, hablarle por teléfono para no perder tiempo ni recursos.
  • Ahorrar; usar el cochinito que les regalaron en la despedida de solteros.
  • Ubicar la farmacia del Ahorro o Similares más cercana; o cualquiera que tenga servicio de consultorio médico.
  • Inventar sus propias costumbres, como preparar café después de la comida y platicar mientras lo toman, ir a los tacos después de un concierto o establecer un día de la semana para hacer la limpieza.
  • Ver series de televisión que a ambos les gusten; no adelantarse en los capítulos cuando uno de los dos no esté en casa. Preparar las palomitas con sazonador de mantequilla y sal.
  • Salir a divertirse juntos; compartir las reuniones de amigos.
  • Darse muchos besos y abrazos.
  • Antes de salir de compras, o a comer al restaurante, pagar Netflix.
  • Ubicar el negocio de antojitos mexicanos, o puesto de tacos, más cercano.
  • Comprar más frutas y verduras.
  • Leer las tablas de información nutrimental.
  • Buscar, juntos, solución a los problemas de cada uno.
  • Elegir la leche que diga “pura de vaca” o algo similar.
  • Despertarse tarde el domingo.
  • Aprovechar las ofertas de vino tinto en el supermercado.
  • Comer bien.
  • Hablar de los miedos de cada uno.
  • Aprender a cocinar huevos con machaca, o chilaquiles de enchilada potosina.
  • Regatear en los sitios turísticos.
  • Siempre presentarlo(la) como tu esposo(a).
  • Mimarse en tiempos de enfermedad.
  • No robarse la cobija en la noche.
  • Lavar la ropa sucia en casa.
  • Vivir en la realidad real, no en la virtual.
  • Planear un detalle especial para el día del aniversario.

Dicen que cuando el transcurrir del tiempo se percibe rápido, es sinónimo de que se ha vivido bien: con fluidez, sin tedio y sin arrepentimientos.

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