#4 TiemposColumna de Dalia García

2019, sé mejor | Columna de Dalia García

Divertimentos



Solía pertenecer al grupo de las que, el 31 de diciembre, escriben un largo discurso con faltas de ortografía, errores de sintaxis, emociones y sentimientos desbordados en redes sociales. Sí, agradecía a mis mil y pico de “amigos”, informaba sobre mis situación sentimental y escribía lo dura que había sido la vida; básicamente eso. Ah, y acompañaba el mensaje con una fotografía mía en la que paraba la trompa y miraba al horizonte. Sin embargo, y afortunadamente, mi comportamiento en redes sociales ha cambiado drásticamente de unos años para acá: ahora, ni un mensaje de Feliz 2019 compartí en Facebook; ¡es más!: no hice propósitos y me comí las uvas sin pedir deseos. ¿Me faltó tiempo? No creo, estoy de vacaciones; simplemente no lo hice, y no me pregunté si quería, o no, hacerlo.

El 2018 fue un gran año para mí y para mi pequeña familia de dos, aunque hubieron algunos inconvenientes que desearía no se repitieran en este 2019: las prisas y, derivado de ello, la sensación de no haber pasado más tiempo con las personas que aprecio; esto, principalmente.

Cada día se vive más rápido, se disfruta menos todo. Las cosas importantes solo duran el instante en que ocurren e inmediatamente pasan al olvido; y a mí, como podrán imaginarse al leer esta queja, no me agrada esa sensación, al contrario: me gusta saborear cada suceso importante (discrimino poco al momento de considerar ‘importante’ algo), pensar en su significado, analizarlo y colocarlo en un estante siempre a la vista en mi memoria. Me gusta construirme recordando hechos anteriores que incidieron de tal o cual forma en mi manera de existir.

Estoy convencida de la falta de contacto humano y de empatía que predomina: inconscientemente, nos conformamos con ver a los demás a través de las noticias de Facebook o de las fotos de Instagram, pero es imposible negar que necesitamos el calor de quienes durante años nos han cobijado.

Por el contexto cada vez más agobiante en el que nos movemos, y por la violencia cada vez más cruel a la que nos enfrentamos, nuestra forma de convivir está cambiando, y no necesariamente para bien.

Sería bueno replantearse la pertinencia de hacer algunas cosas que consumen gran parte de nuestro tiempo sin dejar algo bueno a su paso. Sería bueno aceptar que este país se vuelve cada vez más inhabitable y que sí, sí está en nosotros hacer algo para cambiarlo. Sería bueno descuidar un poco nuestro perfil virtual, dejar de vivir pendientes de lo que el otro hace y empezar a construir nuestra propia riqueza espiritual en este país, en esta ciudad que, cada vez más rápido, se está yendo al carajo. Son cosas pequeñas que no pasan por propósitos de Año Nuevo porque no somos capaces de proponernos, así, en general, ser mejores personas y llevar a cabo acciones contundentes y tangibles para hacer que las cosas sucedan (o dejen de suceder).

 

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