#4 TiemposDeportesRudeza necesaria

Que 20 años no es nada | Columna de El Mojado

Rudeza necesaria

“Volver con la frente marchita
Las nieves del tiempo platearon mi sien”

Apenas 8 años tenía aquel domingo 7 de diciembre de 1997, un día como hoy, pero hace 20 años. Yo salí de madrugada desde la iglesia de San José hacia León, Guanajuato, para poder llegar al estadio, entonces llamado Nou Camp, donde Cruz Azul jugaría la final del torneo de Invierno 1997.

La ventaja de 1-0 que La Máquina había obtenido apenas el jueves anterior parecía insuficiente, o eso me hicieron creer un par de parroquianos del bar del Deportivo 2000, donde yo vi ese juego de ida, mientras mi mamá tomaba clases de natación. “Se los van a chingar, igual que al América”, dijeron esos hombres, como recuerdo del rival que León había derribado en las semifinales.

Ese León era un equipo genial: con Comizzo, Medford, Missael Espinoza, Carlos Turrubiartes, Edgardo Prátola (a quién recuerdo por ser su foto la que ilustraba mi boleto de entrada). Pero ese equipazo no tenía oportunidad contra La Máquina, cuyo plantel puedo recitar de memoria casi completo: Óscar Pérez, Omar Rodríguez, Johan Rodríguez, José Luis Sixtos, Juan Reynoso, José Guadalupe Castañeda, Joaquín Moreno, Carlos Barra, Paco Ramírez, Carlos Netto, Nicolás Navarro, Jorge Campos, Juan Francisco Palencia, Julio César Yegros, Carlos Hermosillo.

“Sentir que es un soplo la vida
Que veinte años no es nada
Que febril la mirada, errante en las sombras
Te busca y te nombra”  

Pero han pasado los años y la hazaña no se ha repetido. De hecho, para un equipo de la talla de Cruz Azul, es triste que un campeonato sea considerado una hazaña.

Decenas de técnicos, cientos de jugadores, 20 años, 40 torneos y no has vuelto a ser campeón, Cruz Azul. El único que se mantiene es Billy Álvarez, el presidente del equipo.

Pero ya no importa, Cruz Azul. La verdad ya ni me interesa tanto que seas campeón.

Y si no, aquí estoy y aquí sigo. Lo dije antes y lo digo de nuevo: en el futbol, el amor no se alimenta de campeonatos.

“Vivir con el alma aferrada

A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez”

Por más que diga que ni es tan importante que logres un campeonato, cada que llegues a la liguilla me ilusionaré y también visitaré con la misma frecuencia el video de aquella tarde de otoño en León, en la que te vi por primera vez y pude verte campeón.

Ya lo saben todos: Comizzo, portero de León, dio una patada tan brutal como innecesaria a Carlos Hermosillo, quien jugaba con chaleco antibalas por una fractura en las costillas.

El árbitro Brizio decretó el penal y permitió que Hermosillo tirara con la camiseta ensangrentada, aunque eso va contra el reglamento. El gol de oro le dio a Cruz Azul su último título, el octavo.

Yo no me enteré del Hermosillo con sangre hasta varios minutos después y la imagen no se ha salido de mi cabeza desde que la vi en televisión, al día siguiente.

Después del partido, fui con mi papá a buscar que comer en un puesto de tortas afuera del Camp Nou. Ahí, un aficionado leonés le decía al tortero “si encuentro a un cruzazulino le parto su madre”.

Cuando oí eso, traté de borrar el escudo de Cruz Azul que mi papá había pagado para que pusieran en mi cachete, con una pequeña serigrafía y una tarjeta telefónica.

Ni con burlas, ni derrotas, ni fracasos, te he vuelto a negar Cruz Azul. Esa vez sí, perdóname, tenía 8 años y miedo. Pero era campeón. Ojalá pronto se nos vuelva a hacer.

 

*Los textos en negritas en esta columna corresponden a un fragmento de la canción “Volver”, de Carlos Gardel.

 

@RconRMacuarro 

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