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2 estrellas que ya no están con nosotros | Columna de Sebastián Escorza

En Cancha Rival

Dedicado a Jesús, Hugo y a todos aquellos que nos heredaron la pasión del futbol

Una de mis festividades favoritas es sin duda el Día de Muertos, solo por el simple hecho de que los mexicanos, a diferencia de otras nacionalidades, festejamos a lo grande, y el hecho de que nuestros seres queridos ya no estén con nosotros no es impedimento.

El único “pero” que le pongo al Día de Muertos, es que año con año el altar se hace más grande; aunque uno no quiera, se empieza con una fotografía y una veladora y cuando menos se espera ya se elabora un altar con más de 5 retratos. El tiempo no perdona.

Aprovechamos estos días entre otros más en el calendario para recordar momentos que vivimos con amigos y familiares que, como es natural, tuvieron que partir, y además de compartir un trozo de vida, estas personas nos han dejado, entre otras herencias, muchas enseñanzas, y por qué no decirlo, algunas aficiones.

Muchas son las personas que deciden apoyar a un equipo por “tradición familiar”, y en mi caso hay algo de eso, pues Hugo y Jesús tuvieron algo que ver en que mi equipo sea el Pachuca.

No será un equipo popular en la liga, ni mucho menos el más ganador, pero tan solo recordar que Hugo era un ferviente aficionado de los tuzos, y que Jesús me regaló un jersey suyo cuando era niño me parece razón más que suficiente para apoyarlos en las buenas y en las malas.

Jesús es mi abuelo y partió una tarde de 2010. Oriundo de Real del Monte, ese hombre me enseñó el amor hacia los animales, el aprender “de todo un poco” y sobre todo estar para la familia pese a que nuestro carácter no sea del todo amable.

Aunque a Jesús le gustaba más el baloncesto, es de agradecerse que también era un abuelo consentidor y me obsequiara esa playera blanquiazul

Hugo, por otra parte, se fue apenas en abril de este año, y pese a que no es como tal un pariente mío, alguien en una ocasión me dijo que los amigos son la familia que nosotros escogemos, y Hugo pasó de ser el amigo de mi padre a ser el amigo de todos.

Aquel hombre jovial viajó con mi padre a estas tierras entonces desconocidas que se convirtieron en mi hogar, y estuvo para todos en los momentos difíciles, tal cual lo hicimos nosotros cuando el cáncer apareció.

Los recuerdos que tengo sobre cómo o por qué me decidí por el “equipo de mi familia” son un tanto difusos, quizá cuando era muy chico Hugo me dijo que le fuera al Pachuca y yo, en mi inocencia, dije “¿por qué no?

Tiempo después, creo que cuando tenía 8 años, mi abuelo Jesús me regaló esa playera blanquiazul. Aunque ya no la tengo conmigo, estoy bastante seguro de que era de la temporada 2001-2002, cuando aquel escudo apenas tenía 2 estrellas, los patrocinaba Cemento Cruz Azul y Cerveza Sol.

Justamente en 2016, en aquel milagro del “92:43”, mis padres me regalaron otro jersey; en lugar de 2 estrellas ahora tenía 10, el plan original era entregarme esa playera el día de mi graduación, pero la suerte bordó una estrella más al escudo de la Bella Airosa esa noche de mayo.

Pese al tiempo que ha pasado, en mi memoria seguirá esa pequeña playera con apenas 2 estrellas; coincidencia o no, son las dos estrellas que seguirán a mi lado por el resto de mis días, y cuyos nombres son Jesús y Hugo.

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