#4 TiemposColumna de Óscar Esquivel

2 de octubre 1968, un día después | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

Historia real


Praga, capital de Checoslovaquia. Invierno del 68. Un movimiento democratizador del presidente Dubcek, líder del partido comunista, iniciaba unas reformas para liberar políticamente al pueblo Checo: la modificación de las políticas restrictivas, totalitarias pro soviéticas, todo en el marco de la guerra fría, de enero hasta el 20 de agosto, apoyado por la totalidad del pueblo checo, mostró sus reformas de avanzada en este momento de la historia, “El socialismo con rostro humano”.

Dentro de estas reformas, legalización de la libre prensa, libertad de expresión, derecho de los trabajadores a la huelga, la creación de partidos políticos. Llegó agosto y ante las múltiples advertencias de las Unión Soviética de echar atrás las reformas, al presidente Alexander Dubcek da negativa rotunda, los países del pacto de Varsovia, liderados por la URSS, el 20 de agosto del 1968 invadieron Checoslovaquia, frenando la apertura democrática socialista, todo un pueblo sometido ante los caprichos soviéticos.

El mundo apoyó el movimiento de Dubcek, pero aun así, tras la invasión murieron más de 80 personas, miles de heridos y dirigentes comunistas fueron obligados a trabajos forzosos, Dubcek firmo un pacto de “arrepentimientos” por desviar su ideología a un “pensamiento burgués”, las reformas se anularon y casi 340 mil personas abandonaron Checoslovaquia. La primavera de Praga terminó en verano. Los muertos y detenidos ¿quiénes fueron? Estudiantes en su mayoría.
Estudiantes al frente. Muchas causas de lucha no eran estudiantiles pero ellos se unían, en el mundo del 68.

Los estudiantes por su naturaleza de jóvenes, pretendían un mundo mejor, como en el caso de Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos que si bien el asesinato en 1968 de Martin Luther King no concluyó ahí, el movimiento lograría las libertades de los ciudadanos de raza negra. Los estudiantes de color por fin entraban a las universidades. Para 1968, el mundo en sí, pertenecía a los estudiantes, se rebelaron en los Estados Unidos, México, en Europa occidental, en el Este de Europa, Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia, del bloque socialista, estimulados en gran medida por el movimiento estudiantil francés de mayo en París. ”Está manifestación global de descontento fue una enorme insatisfacción por el poder en todas sus formas de opresión y desigualdad”.

NUESTRO RELATO, 2 DE OCTUBRE

¡Julián! ¡Julián! Gritaba Leonora a su marido desde el balcón, con voz cada vez más fuerte, y aferrada a la barandilla del balcón de su casa que tenía vista hacia el complejo de Tlatelolco, ¡Julián! Cristóbal ha corrido hacia la multitud, ¡ya llegaron los revoltosos!, no pasaban las cuatro de la tarde y ya comenzaban a congregarse los estudiantes del Consejo Nacional de Huelga, muchachos de la UNAM y del Politécnico Nacional, había de todo, mirones, curiosos, vendedores y activistas, que sumaban más de 15 mil.

Trascurrió el tiempo y cerca de las 6 de la tarde, los dirigentes estudiantiles llamaban a la cordura y la no confrontación. Había militares rodeando la plaza de Las Tres Culturas. Con los minutos corriendo, a las  6:15 pm se escucha un helicóptero y una bengala que iluminaba el cielo de rojo, después otra y otra, anunciaba el comienzo de la operación Galeana, era la señal.

Leonora, al ver desde su balcón como los estudiantes corrían de un lado a otro, bajó estrepitosamente para buscar a su hijo, Julián, preocupado pero un poco indiferente, sabia o pensaba que no ocurriría nada, ya que el trabajaba en el Departamento del Distrito Federal (DDF) como director de área en la regencia, le daba cierta inmunidad.

Abajo en la plaza, los estudiantes se replegaron en el edificio Chihuahua. Ahí mismo, Cristóbal, de apenas 18 años y estudiante de Derecho, se refugiaba de los disparos que provenían de la plaza. Logró entrar en algunos de los departamentos para esconderse de las fuerzas de seguridad, fue en este edificio donde se recrudecieron los disparos, Leonora como pudo entró al edificio buscando infructuosamente a Cristóbal, entre su desesperación, alcanzaba a escuchar gritos de dolor de estudiantes lastimados y de igual forma a mandos superiores gritando  ¡CONTRA LA PARED HIJOS DE LA CHINGADA! ¡AHORITA LES VAMOS A DAR SU REVOLUCION!

Al recorrer los pasillos, vio también a otros agentes que no eran militares, si no hombres con guantes blancos en la mano izquierda y con pistolas que eran poco visibles, posteriormente Leonora supo del batallón Olimpia.

Leonora, después de la refriega que duro más de dos horas, se retiró del complejo Tlatelolco, caminando y mirando en la plaza a muchachos muertos y heridos. El silencio le ganó al sonido de la metralla, ella temblaba pensando en Cristóbal, pero los militares le negaban el reconocimiento, al ver su frustración se dirigió a su casa con Julián. Ya con la preocupación a cuestas, ambos, entrada la noche, comenzaron a buscar en las comisarías, en los cuarteles, hospitales a Cristóbal y nada, su búsqueda no tuvo resultados.

Al volver a casa a eso de las 5:40 de la mañana ya del otro día, se escuchó el teléfono replicar, Julián levanto el auricular, escuchó la voz del jefe de la policía encargado de un grupo de muchachos, le dijo: “Don Julián, por favor venga por su hijo, sabemos que usted trabaja en el Departamento y lo reconocen, no queremos que le pase nada…”. Julián reconoció el peligro, pero también sabia de la rebeldía de su hijo, que en ocasiones le daba bastantes dolores de cabeza y en una fugaz decisión le respondió al oficial: “Mire, una noche en la cárcel no le pasará nada, que escarmiente por revoltoso”… en la cárcel Lecumberri.

A la insistencia de Leonor a las 3:00 de la tarde del 3 de octubre, fueron a buscar a Cristóbal a la cárcel más famosa de México. Entrando vieron a cientos de jóvenes semidesnudos, golpeados, friolentos, temblorosos por el frio o por el miedo, varios de ellos hombres y mujeres por igual, habían sido torturados, vejados; Julián se acerca al guardia quien se encontraba sentado en una vieja silla, preguntando si ahí se encontraba Cristóbal Sánchez. El gendarme malencarado se paró, revisó la lista pegada en la pared, volteó su cabeza y vio hacia abajo dirigiendo su mirada a Leonora indicándole: “Pasen por aquí”. Ahí esta él, efectivamente ahí se encontraba su cuerpo entre varios muchachos muertos, envuelto en una sábana blanca manchada de sangre y mugre. Cristóbal había sido asesinado en el interior de la cárcel.

Las investigaciones oficiales dieron como resultado que fueron las revueltas internas, que no sofocaron a tiempo.

Esta historia verídica, contada por un amigo cuyo dolor por la muerte de su hijo fue guardado hasta su muerte, igual que a su querida esposa. Si he reservado los nombres no es porque lo solicitaran, es por convicción propia.

Así como esta historia, habrá cientos de familias que se guardan en su memoria lo que vivieron en carne propia durante este acontecimiento tan doloroso para ellos y el país 1968 no es el número de año en la memoria triste de los mexicanos, no es la sangre, ni la opresión. El 2 de octubre es la lucha por la libertad en contra de la represión, en esta fecha, nació un México nuevo, un México que renueva su pacto social y da inicio el andar por el trayecto largo de la democracia y la justicia.

Aún no termina, pero inició… eso es lo importante.

Nos saludamos pronto.

caminante368@yahoo.com

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