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1968, antes y después en el cine de Latinoamérica | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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El inicio de la década de los años sesentas pasados, encontró a la mayoría de los realizadores fílmicos jóvenes de todo el mundo, excluidos del denominado cine industrial. Esto es, las productoras de cine de las potencias e, incluso de países no tan poderosos, ocupaban su sofisticado andamiaje para la realización de películas con el propósito prioritario de que fuera un negocio altamente lucrativo. Filmes de fácil consumo, casi siempre con argumentos falseando la realidad y triunfalistas en favor de sus regímenes, hubieran sido ganadores o perdedores durante la Segunda guerra mundial.

Se le denomina cine industrial porque tenía como soporte sofisticado en cuanto uso de herramientas y escenarios (entonces cine realizado bajo techo, en foros, con costosas escenografías y equipos de cámara e iluminación), y fragmentación del trabajo o proceso de producción en muchos roles. Se filmaba con película celuloide de 35 milímetros de ancho y empleando numerosas tomas para cada escena o segmento de la película en rodaje.

Para contrarrestar su exclusión de la realización fílmica, los años cincuenta, en diversos confines de Europa y algunos orientales, los jóvenes inventaron una metodología que simplificaba equipos y tiempos para filmación, nuevos e imaginativos contenidos, y formas, también novedosas, de distribución. Aquello fue el renacer mundial del cinematógrafo con las nomenclaturas de Neorrealismo italiano, Nueva ola francesa, Free cinema inglés, y nuevos cines Alemán, Polaco, Hungaro, Japonés, Chino, Checoslovaco, Ruso…

Estados Unidos no fue excepción, porque abrió un polo fílmico en Nueva York en torno al hoy tan consolidado fenómeno Actor’s Studio, y Latinoamérica resonó en distintos países.

Vale señalar que todas estas corrientes fílmicas juveniles, a semejanza de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX en Europa (y en nuestro país el Muralismo mexicano), partían de un ejercicio colectivo a contracorriente de las estéticas fílmicas predominantes, bajaban costos de manera notable, para ello, filmaban en exteriores con luz natural, con equipos humanos y herramientas escasas, con actores no profesionales, en escenarios naturales y/o reales, y, con frecuencia, en formato para rodaje con película para blanco y negro de 16 milímetros de ancho. El impacto fue notable y las cinematografías de diversas partes del mundo tuvieron un renacimiento y trascendencia.

Latinoamérica y sus Nuevos cines

En Latinoamérica, solo 3 países, México, Brasil y Argentina, contaban con andamiaje para realización de cine industrial. En los tres y varios más, empero, hubo desarrollo de nuevas expresiones fílmicas con las características ya mencionadas.

Cabe agregar que, durante aquellos años sesentas y lustros posteriores, en varios países de Sudamérica se padecían regímenes militares autoritarios, producto de golpes de estado, frecuentemente apoyados o promovidos por la agencia de “inteligencia” de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés). Ahí el renacer fílmico juvenil tenía, además del propósito de abrirse paso, incorporar a sus argumentos referencias explícitas o figuradas del acontecer en sus entornos.

Lo anterior cobra mayor sentido porque esos autoritarismos militares, tipificados como “gorilatos” (gobierno de gorilas, padecido en México para acribillar el Movimiento estudiantil de 1968), llevaban implícita la persecución y prohibición para realizar y divulgar los innovadores materiales fílmicos. Ayudó a su resonar internacional su exhibición en una sala de cine de la ciudad de París, el cine Odeón en el Barrio Latino, y algunos Festivales de exhibición y reflexión que adquirieron estatura en Viña del Mar, Chile, y luego se diseminaron por el Continente. Los festivales más consolidados en la actualidad, para exhibir cine latinoamericano son los de La Habana, Cuba; Biarritz, Francia; Huelva, España; Pesaro, Italia; New York; Guadalajara, Morelia y Guanajuato, México; el Ícaro, itinerante en los países centroamericanos; Lima, Perú; Buenos Aires, Argentina; y Cartagena, Colombia.

Colectivos destacados del renacer fílmico latinoamericano son:

  •         Cinema Novo brasileño, con Glauber Rocha, Ruy Guerra y Nelson Pereyra dos Santos en la cúspide.
  •         Producciones del Instituto Cubano de la Industria Cinematográfica. Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez y Huberto Solas, sobresalen como realizadores.
  •         El cine junto al pueblo, encabezado en Bolivia por Jorge Sanjinés.
  •         Hacia un tercer cine, se denominó la corriente argentina liderada por Fernando Solanas y Octavio Getino.
  •         Grupo Nuevo Cine, surge en México a principios de 1960, en torno a los cineclubes de la UNAM y del Instituto Francés para América Latina. Tiene un primer impulso con la presencia de Luis Buñuel y la guía de Jomy García Ascot, ambos emigrados a causa de la Guerra civil española. Junto a ellos, están los mexicanos, Jorge Ayala Blanco y Carlos Monsiváis. Luego se sumarán, Paul Leduc, Jorge Fons, Felipe Cazals, Arturo Ripstein y Jaime Humberto Hermosillo, entre muchos más.
  •         Perú, Colombia, Chile Paraguay, Uruguay y el bloque de países centroamericanos, desarrollan notable ejercicio de promoción y exhibición de Nuevo cine latinoamericano y de otras cinematografías emergentes aquí mencionadas, y aportan realizaciones fílmicas individuales.

A la exhibición y reflexión en torno a esta filmografía y sus contextos históricos, se referirá el curso/seminario “Nuevo cine Latinoamericano 1965 a 2000” que inicia este viernes 24 de agosto, en el Centro Universitario de las Artes/CUART/UASLP.

Jorge Ramírez Pardo, enredarteslp@hotmail.com,  periodista y cinematografista por la UNAM

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