Estas letras que ves

“Cristóbal Colón y otros locos” de Pedro Monge | Columna de Dainerys Machado

Estas letras que ves

Este texto apareció originalmente en letrasqueves.wordpress.com

En estas horas de incertidumbre política llega a mis manos Cristóbal Colón y otros locos, comedia teatral escrita por Pedro Monge en 1993 y que, recientemente, Ediciones Vigía de Matanzas convirtió en un libro objeto de arte, en una pieza plástica digna de ser coleccionada.

Monge tomó como pretexto las excursiones de Cristóbal Colón al mal llamado Nuevo Mundo para ridiculizar al poder hegemónico. Y en este gesto de rebeldía radica la fuerza que conserva su creación más de 20 años después de haber sido escrita. Cristóbal Colón y otros locos es la expresión de un tiempo que parece eterno, en el que quienes manejan la economía, la política y la religión, siempre terminan vencidos por la ambición, y pareciéndole a los otros (quizás como consuelo) un poco más idiotas de lo que en realidad son.

En esta especie de heterotopía teatral con base en un suceso histórico, Guarionex habla como dominicano y Hatuey como cubano. Ellos representan al mundo negado por la poderosa y ciega Europa. La actualización de sus lenguajes funciona como un guiño crítico que activa múltiples ideas: primero porque presenta a América Latina como un continente demasiado diverso para hallar una definición única; segundo, porque las culturas que somos descienden también de esos personajes que a diario olvidamos y que aparecen tan acartonados en los libros de historia; tercero, porque devela que el poder imperial permanece intacto en la forma en que aún somos mirados por las antiguas potencias.

Monge logra construir este discurso crítico desde su tradición vernácula, sin exageraciones que ridiculicen la trama. Así sortea con éxito el peligroso borde que divide a la comedia irónica del humor burdo. En su obra, los dos caciques son llevados ante la Corona española. Son los sujetos más lúcidos del encuentro intercultural, los únicos capaces de enunciarse a sí mismos con veracidad. Pero ellos están condenados a la invisibilidad, a ser marginados por su lugar de origen y el color de su piel.

GUARIONEX: ¡Ooh, pero qué vaina! ¡Insisten en llamarnos paganos!

HATUEY: ¡Coño, asere, qué mierda! Que e´lo mismo que decir que ellos se creen que se la saben todas.

GUARIONEX: ¿Qué podemo hacer?

HATUEY: Ya es muy tarde para detenerlos.

GUARIONEX: ¿A qué usté no sabe la vaina que más me molesta?

HATUEY: ¿Qué solo hablan de oro y se traicionan entre sí?

GUARIONEX: ¡Oooh, no, que iva! Que sigan insistiendo en que descubrieron nueva tierra.

La revisión histórica tras la escritura de esta pieza —que Monge agradece al estudioso colombiano Germán Arciniega— adquiere una impresionante dimensión actual. Los dueños del poder hegemónico con sus discursos de igualitarismo imposible, contemplan al resto del mundo como grupo infantil incapacitado para decidir sobre su destino. No importa si se llaman Isabel de Castilla, Donal Trump o Fidel Castro, el resultado es siempre el mismo.

Ulises Rodríguez Febles, autor de las palabras del prólogo, asegura que Monge “encontró lo insólito y lo ridículo en un tema que muchos han reescrito desde lo trágico.” Gracias a ese hallazgo el dramaturgo nos obliga a sonreír desde la reflexión. Un logro aún más difícil de conseguir cuando se trabaja con una historia que, como sugiere Febles, podría dejar de sorprender. Pero Monge se apropia de lo conocido y lo vuelve nuevo gracias a las libertades que el teatro entrega.

La edición que Vigía preparó para Cristóbal Colón y otros locos fue editada por Gladys Madero. Consta de 200 ejemplares manufacturados e iluminados a mano, con diseño y dibujos de Frank David Valdés. En su producción se emplearon textiles, sogas, madera, cartón de embalar, acrílicos, y otros materiales, cuya fusión traduce un atrevimiento estético capaz de dar a luz una cubierta que es también una instalación, una obra plástica interactiva.

En las “Notas para después de la lectura,” Monge advierte su deseo de que “en el montaje haya una búsqueda de la locura de las situaciones, de la ironía y del sarcasmo.” No se me ocurre una edición mejor que la de Vigía para traer esta suma de intenciones a la obra hecha libro.

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