#4 TiemposFunambulista

13 años de Gomorra, de Roberto Saviano | Columna de Edén Ulises Martínez

Funambulista


¿No veis que esta tierra es Gomorra?
— Don Peppino Diana

 

En el 2006 Roberto Saviano, a sus apenas 27 años, publicó Gomorra, un retrato íntimo y brutal de la Camorra, la mafia de la región italiana de la Campania. El éxito que tuvo el libro fue tanto que las familias camorristas, molestas por la atención de los reflectores internacionales que generó la popularidad del libro, pusieron precio a la cabeza de Roberto, quien ahora tiene que vivir vigilado por escoltas las 24 horas del día: es el muerto que camina, así le dicen algunos.

A través de las páginas de Gomorra, Roberto recorre con su vespa el puerto y la ciudad de Nápoles, capital de la Campania, como otro más de sus ciudadanos, condenado a vivir bajo las reglas y la lógica impuestas por el Sistema de la Camorra. No hay nada fuera de él, las empresas de la industria textil, el control aduanal del puerto, los bienes raíces, el negocio de los residuos, la heroína, la cocaína, las armas. Todo le pertenece al Sistema, incluso la vida de los napolitanos, quienes aprenden a vivir y convivir él, como si fuera una característica imborrable de su idiosincrasia.

El libro fue adaptado al cine por el director Matteo Garrone en el 2008. Un año después había vendido más de 2,5 millones de copias solo en Italia y se distribuía en más de 52 países. ¿Por qué tuvo tanto éxito en el mundo la crónica de un problema que podría parecer local? Toda Italia sabía qué era la Camorra y cómo funcionaba, no era un secreto que las familias camorristas estaban involucradas en actividades ilícitas en toda Europa y que además controlaban la mayoría de los negocios de la Campania. Roberto no había dicho nada desconocido, el éxito de Gomorra radicó en su capacidad para comunicar y conmover, y por lo tanto modificar la conciencia de sus lectores.

Siempre he creído (y cada vez estoy más seguro) de que los buenos cronistas tienen la capacidad de hacernos sentir cercanos a lo que narran, la cualidad de lograr que establezcamos intimidad con lo distante. El lector de Gomorra sentirá esta intimidad en las calles de Scampia, en Secondigliano y en Casal di Principe, los barrios dominados por los clanes napolitanos, hasta el punto en que sus personajes empezarán a salirse del papel. La realidad descrita por Saviano nos hace sentir la inmediatez del sistema como si lleváramos una cámara oculta dentro del saco de uno sus integrantes. Las imágenes son tan nítidas que solo nos hace falta olerlas.

Pero eso no es todo. Si Gomorra es un libro que logra establecer cercanía con el lector también comparte las características del mejor periodismo de investigación. Además del mérito inherente al dominio de las fuentes y su intercalación con la narración en primera persona, Saviano identifica la conexión que vuelve al problema local de la mafia napolitana en una cuestión universal: la simbiosis obligatoria entre el narcotráfico y el capitalismo más extremo, en donde la vida y la muerte están supeditadas a la única variable con importancia: el poderío económico. “En el Sistema de la Camorra”, nos dice Roberto, “el homicidio resulta necesario; es como un ingreso bancario, como la adquisición de una concesión, como interrumpir una amistad”.

En Nápoles las familias camorristas, los De Falco, los Nuvoletta, los Schiavone, los Giuliano, controlan el flujo de las importaciones chinas del puerto (y con ello gran parte del comercio europeo), la industria de la moda (las maquiladoras de los clanes confeccionan la ropa y los zapatos de Gucci, Giorgio Armani, Prada y más) y el 70% de las constructoras, y además son dueños de la mayor parte de los negocios legales de la ciudad. Bajo esta sensación de ubicuidad, Saviano se da cuenta que, sin entender la economía, la dinámica de las transacciones del dinero, jamás podremos tener una idea de cómo funciona la vida en la Campania: “(…) lo más complicado es imaginar la economía en todas sus partes. Los flujos financieros, los márgenes de beneficio, las contrataciones, los débitos, las inversiones… No hay fisonomías que visualizar, cosas precisas que meterse en la mente.

Se pueden imaginar las diversas determinaciones de la economía, pero no los flujos, las cuentas bancarias, las operaciones individuales. Si se prueba a imaginar la economía, se corre el riesgo de tener los ojos cerrados para concentrarse y estrujarse hasta ver aquellas psicodélicas deformaciones de colores que se forman en la pantalla del párpado.”

Ahora, a 13 años de su publicación, Gomorra consiguió por lo menos algo: ha puesto en la Camorra el mismo peso mediático que ya tenían en italia la ‘Ndrangheta de Calabria o la Cosa Nostra siciliana, y eso, como el mismo autor lo admite con un dejo de orgullo, siempre tiene repercusiones directas (por más leves que sean) en la manera en que el gobierno italiano administra sus leyes antimafia.

A partir del éxito del libro, los medios europeos y norteamericanos no han quitado el ojo de Nápoles, y reporteros de todas partes pasean por los barrios más duros buscando exclusivas. Demasiadas cámaras nunca son buenas para los negocios. ¿Esta será una prueba del verdadero poder de la palabra escrita? No lo sé, pero si me preguntan a mí, es lo que más se le acerca.


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