#4 TiemposDesde mi clóset

101 años de una Constitución olvidada | Columna de Paúl Ibarra Collazo

Desde mi clóset

 

La constitución mexicana ha iniciado su segundo centenario de vida. El Congreso Constituyente liderado por Carranza tenía la intención de emprender el inicio de una nueva república, aparentemente más plural, democrática y libre del autoritarismo de predecesores gobiernos dictatoriales. En ese momento, no se concebía el término Derechos Humanos, ni siquiera se conceptualizaba el hecho de que el estado tendría que reconocerlos. Un estado garantista, que otorgaba dádivas en su benevolencia, comenzó a mutar en lo que conocimos como el benefactor omnipotente que todo lo puede. Si les recuerda a ya saben quién, están en lo correcto.

Tras el holocausto, luego de las atrocidades causadas por los Nazis, la discusión de los estadistas de la época buscaba impedir que nunca un grupo se colocara en situación tal, que buscara erradicar a quienes considerara inferiores. En este sentido, los juicios de Nuremberg fueron la puerta para que el mundo hablara de los derechos humanos. Es decir, de esos elementos mínimos que requiere un grupo de personas para convivir de manera armónica en el Planeta Tierra. No fue sino hasta 2011, que, en México, el Congreso en turno realizara una reforma constitucional, que, dicen los que saben, modificó el paradigma en la materia.

Después de décadas de lucha de diversos grupos oprimidos, feministas, LGBT, ambientalistas, y un gran etcétera, se cristalizó el que la Carta Magna obligara a las autoridades, a todas, en el ámbito de sus respectivas competencias, promover, respetar, proteger y garantizar los derechos de todas las personas.

Este periodo electoral está plagado de precandidatas que quieren ser influencers, de mesiánicos personajes que redimirán cualquier corruptela solo con la unción del líder, otros más que hasta andan queriendo armar su grupo de música. Lo que no he visto es a ninguna persona que pretenda tomar la batuta de la Silla Enclenque que deja Peña, que hable de la forma real y objetiva en la que en primera instancia pretende cumplir las obligaciones constitucionales arriba citadas en materia de derechos humanos. Tampoco observo que nadie tenga idea clara de lo que es la perspectiva de género, ni de la forma en la que transversalizará esta perspectiva en la función pública, mucho menos he observado mecanismos de institucionalización. Si la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos les vale un reverendo cacahuate, ahora imagínense la Ley General de Igualdad entre Hombres y Mujeres. Y no, no basta con decir que solo por unirse al proyecto alternativo de nación ya están redimidos. A otro perro con ese hueso. Yo soy perra y no me trago cualquier croqueta.

Dicho lo anterior, resulta indispensable hacer un análisis sesudo de la forma en la que se ha llevado, de manera displicente, mañosa y pendenciera a una Constitución que dio patria a un pueblo desfavorecido de la mano de dios. Constitución que, luego de la guerra de guerrillas de principios del siglo pasado, trajo cobijo con estado benefactor, que luego de un par de décadas no pudo sostener sus dádivas, sin embargo, no logro erradicar la educación bancaria de un sistema que construye borregos. Borregos que aclaman porque cada cierto tiempo llegue un Mesías que con la promesa de bajar el IVA y dar un subsidio por familia, logre hundir cada vez más un sistema que pende de un hilo construido hace 101 años.

@paulibarra06 

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